Botes de olores: el juego que despierta el sentido olvidado (2-3 años)
Café, naranja, canela y hierbabuena escondidos en botes iguales. El peque huele, reconoce y empareja — y entrena el sentido del que casi nadie se acuerda. Sin pantallas, solo nariz y memoria.
Pensamos las actividades sensoriales casi siempre desde las manos y los ojos: bandejas para tocar, botellas para mirar. Y nos olvidamos del olfato, que es justo el sentido más antiguo y el que más rápido llega a la emoción. Un olor entra por la nariz y va casi en línea recta a la parte del cerebro que guarda los recuerdos. Por eso el café de por la mañana o la canela de un bizcocho nos devuelven, de golpe, a una cocina de hace años.
Para un peque de dos años el olfato es territorio nuevo. Además, huele todo lo que pilla, pero casi nunca le ponemos palabra. Los botes de olores cambian eso: cierras unos aromas conocidos en botes iguales y le invitas a reconocerlos solo con la nariz. Se entrena la discriminación olfativa, se llena la cesta de vocabulario nuevo y, sin que se note, se trabaja la memoria: oler, recordar dónde estaba ese mismo olor y emparejarlos.
Además, es de esas actividades de coste casi cero y montaje de cinco minutos. Lo único imprescindible es estar cerca, con los botes bien cerrados, y dejar que el peque mande el ritmo.
🧠 Áreas de desarrollo
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👣 Paso a paso
Preparar los botes en parejas
Pon un poco de algodón en el fondo de cada bote y encima el aroma: café en dos botes, piel de naranja en otros dos, hierbabuena en dos más, canela en los últimos. La clave es que vayan en parejas y que los botes sean idénticos por fuera, para que el peque no pueda hacer trampa con la vista. Después, haz tú unos agujeritos en cada tapa con el punzón y ciérralos bien. Prepáralo a su lado, sobre una bandeja, contándole qué metes en cada uno.
El primer olfateo, sin pistas
Para empezar, dale un bote y enséñale el gesto: acercar la nariz e inspirar despacio. No le digas qué es. Deja que descubra él solo si le gusta, si le sorprende o si arruga la nariz. Verás reacciones muy claras — el café suele echar para atrás, la naranja saca sonrisas. Ese momento de oler a propósito, con intención, ya es un logro: está aprendiendo a dirigir su atención a un sentido que casi siempre va en automático. Quédate cerca y nunca le acerques el bote bruscamente a la cara.
Ponerle nombre al olor
Después, ata el olor a algo real. Saca una naranja de verdad, una rama de canela, unas hojas de hierbabuena, y que huela el bote y el objeto a la vez. «Huele igual, ¿verdad? Es naranja». Aquí está el corazón pedagógico: el olor abstracto se convierte en palabra y en recuerdo. Luego repite el nombre, deja que lo intente él y acepta sus aproximaciones. Es el mismo trabajo de nombrar el mundo que hacemos con el álbum de fotos para las primeras palabras, esta vez por la nariz.
El juego de las parejas de olor
Por último, mezcla todos los botes en la bandeja y propón el reto: encontrar los dos que huelen igual. El peque huele uno, lo recuerda, huele otro y decide si hacen pareja. Cuando acierta, los junta. Sin verlo, está usando la memoria de trabajo y una discriminación fina muy exigente — distinguir entre olores parecidos es difícil incluso para nosotros. No corrijas a la primera; deja que se equivoque y vuelva a oler. El acierto que llega solo vale por diez.
Elige olores muy distintos entre sí para empezar — café, cítrico, menta y canela se reconocen de maravilla y cuestan dos euros en cualquier supermercado. Olvídate de los aceites esenciales: son demasiado fuertes para una nariz de dos años y algunos irritan; tira siempre de comida y plantas de verdad. Renueva el algodón cada pocos usos, porque el olor se apaga. Y guarda los botes bien cerrados en una caja: así montas la actividad en un minuto y el aroma aguanta semanas.
👶 Adaptaciones por edad
Solo oler y reaccionar
A esta edad basta con dos o tres botes de olores muy ricos y suaves. No busques que empareje ni nombre: el objetivo es que descubra que oler es algo que se puede hacer a propósito y disfrute la sorpresa. Tú pones la palabra.
Nombrar y emparejar
La franja ideal. Reconoce, repite el nombre y ya puede buscar las parejas con cuatro aromas. Aquí la actividad da lo mejor: olfato, vocabulario y memoria trabajando juntos en un mismo juego.
Clasificar y adivinar
Además, súbele el reto: ordenar de más suave a más fuerte, agrupar en «de comer» y «de la naturaleza», o adivinar con los ojos tapados. También puede ayudar a preparar los botes, que es media actividad.
🔍 Qué observar
¿Acerca el bote y aspira a propósito, o solo lo mira? Control voluntario de la atención sobre el olfato.
¿Reacciona distinto ante un olor rico y uno fuerte (sonríe, arruga la nariz)? Discriminación olfativa en marcha.
¿Asocia el olor con algo conocido («huele a abuela», «a Navidad»)? Memoria que une olfato y recuerdo.
¿Encuentra las parejas sin mirar dentro? Memoria de trabajo y discriminación fina.
¿Aporta palabras nuevas para describir (pica, rico, suave)? Vocabulario sensorial ampliándose.
¿Aguanta oliendo varios botes seguidos o se cansa enseguida? Atención sostenida según su momento.
🔄 Variaciones
🍪 Los olores de la cocina
Cambia a aromas de repostería: vainilla, cacao, café, anís. Además, conectan con momentos que el peque ya vive en casa y casi siempre disparan un recuerdo. Buena versión para hacer en familia un día de bizcocho.
🌳 Olores del paseo
Recoged juntos en el parque: pino, lavanda, tierra mojada, una flor. Llenáis los botes con lo que encontréis y los oléis al volver a casa. Une la actividad con la exploración de elementos naturales del cesto de los tesoros.
🙈 Adivinar a ciegas
Para los de 3-4 años: tápale los ojos con un pañuelo y que reconozca cada olor solo con la nariz. Así, quitar la vista lo cambia todo y obliga a la memoria a trabajar a tope. Pura concentración.



