Supermurci explotará su potencial si le añadimos la luz negra como recurso añadido para trabajarlo.
Objetivos Didácticos del Cuento «Supermurci»
Análisis según la LOMLOE para la Etapa de Educación Infantil (0-6 años)
Área / Objetivo Específico (LOMLOE)
Área 1: Crecimiento en Armonía
- Construir una imagen positiva y ajustada de sí mismo, desarrollando sentimientos de autoestima y siendo capaz de identificar las propias características y cualidades personales.
- Reconocer y expresar emociones como la tristeza, la frustración y la alegría, aprendiendo a gestionarlas de forma progresiva.
- Desarrollar la iniciativa y la confianza en las propias posibilidades para superar dificultades y alcanzar metas (valentía).
- Fomentar la ayuda y la colaboración entre iguales, reconociendo el valor del apoyo del grupo.
Área 2: Descubrimiento y Exploración del Entorno
- Explorar las propias capacidades sensoriales, en especial el oído, a través de la idea del «superoído».
- Observar e identificar las características de diferentes animales (murciélago, gato, ratón) y sus modos de vida.
- Adquirir nociones espaciales básicas (arriba/abajo, cerca/lejos) a través de los vuelos de Murfy por la ciudad.
- Iniciarse en el pensamiento científico a través de la observación y la formulación de hipótesis (¿qué superpoderes tiene Murfy?).
Área 3: Comunicación y Representación de la Realidad
- Comprender y recordar la secuencia de una narración, identificando personajes principales y el argumento central.
- Ampliar el vocabulario con palabras del cuento como «alicaído», «valentía», «justiciera» o «modestia».
- Participar activamente en conversaciones y asambleas, expresando ideas y sentimientos sobre la historia.
- Representar plásticamente a los personajes y escenas del cuento, fomentando la creatividad y la motricidad fina.
- Fomentar el pensamiento crítico inicial, reflexionando sobre el concepto de «ser especial» y el valor de la valentía.
Aplicación Didáctica con el Cuento
Autoestima y Superación: Realizar una asamblea sobre «Nuestros Superpoderes». Cada niño y niña comparte algo que se le da bien (dibujar, correr, ser amable…). Crear un mural con los superpoderes de la clase para entender que todos somos especiales.
Gestión Emocional: Dialogar sobre cómo se sintió Murfy cuando sus amigos se rieron de él (triste, «alicaído») y cómo se sintió después de salvar a los ratoncillos (orgulloso, especial). Usar tarjetas de emociones para identificar estos sentimientos.
Cooperación: Destacar cómo los amigos de Murfy, al final, le reconocen su valor y lo animan. Realizar un juego cooperativo donde el éxito dependa de la ayuda de todos, como construir una gran torre con bloques.
Exploración Sensorial (Oído): Organizar un juego de «superoído». Con los ojos cerrados, los niños deben adivinar qué objeto produce un sonido (un llavero, arrugar un papel, una campana…).
Conocimiento de Animales: Investigar en la biblioteca del aula sobre los murciélagos: qué comen, cómo duermen, qué es la ecolocalización. Comparar sus características con las de los gatos y ratones del cuento.
Orientación Espacial: Utilizar un plano sencillo o la propia clase para simular el vuelo de Murfy. Dar instrucciones como «vuela por encima de la mesa», «pasa por debajo de la silla», «aterriza lejos de la ventana».
Lenguaje Oral: Tras leer el cuento, pedir a los niños que lo narren con sus propias palabras, utilizando marionetas de dedo de los personajes (Murfy, Gary, Glenda, el gato, los ratones).
Expresión Plástica: Taller de «Crea tu Superhéroe». Cada niño diseña su propio disfraz de superhéroe en papel, utilizando diferentes materiales (telas, gomets, purpurina), y le pone un nombre y un superpoder especial.
Pensamiento Crítico: Iniciar un debate con preguntas como: «¿Qué es ser valiente?», «¿Se necesita un disfraz para ser un héroe?», «¿Qué habríais hecho vosotros si veis al gato molestando a los ratones?». Esto les ayuda a interiorizar el valor de la valentía en actos cotidianos.
Supermurci
Era pleno día y Murci el murciélago no podía dormir.
Ya estaba aburrido de quedarse colgado como los murciélagos normales. Quería ser especial, como los superhéroes de sus cómics favoritos.
Y de pronto cayó en la cuenta…..
Murci tuvo una gran idea y se puso manos a la obra. No fue fácil manejar la máquina de coser de mamá, sobre todo por culpa de las alas, que le molestaban todo el rato…
Pero al cabo de un par de horas, su disfraz estaba listo. Murci se convirtió en……..¡Supermurci!
Cuando los otros murciélagos despertaron, se llevaron una buena sorpresa.
Supermurci: ¡Soy Súpermurci!
Gary: ¡Hala! ¿y tienes superpoderes?
Supermurci: Tengo superoído.
Amigos: ¡Toma y nosotros! – chillaron.
Supermurci: Vale, es cierto… – murmuró.
Todos los murciélagos fueron a ver a Supermurci.
Gary: ¿Puedes levantar un coche con tus poderosos músculos?
Glenda: ¿O puedes disparar rayos láser con la mirada?
Supermurci: Pues…. no… ¡pero puedo volar! – y de un salto surcó el aire.
Murciélagos: ¡Todos podemos volar! – contestaron entre risas. – ¿Qué más sabes hacer?
Murci intentó pensar en otro superpoder. Estaba un pelín nervioso porque notaba que todos los murciélagos de la ciudad estaban pendientes de él.
Supermurci: Pues…. tengo ecolocalización, así puedo orientarme en la oscuridad.
Murciélagos: ¡Ja ja ja! ¡Eso no es nada especial, todos podemos hacerlo!
Murci salió de casa un poco alicaído. También tenía las orejas gachas. Estaba desanimado. Ya no se sentía especial ni nada.
«Soy un murciélago del montón, solo que llevo un disfraz ridículo» – suspiró conteniendo las lágrimas.
Ya estaba a punto de romper la capa y el resto del disfraz para tirarlos a la basura, cuando su oído supersónico captó un chillido que apenas se oía…
En el extremo de la ciudad un gato grande y malvado había atrapado una familia de ratoncillos.
Murci extendió las alas y levantó bien las orejas. Con gran decisión voló por encima de la ciudad tan rápido como le permitieron sus pequeñas alas.
Murci se lanzó en picado como una bola de pelo justiciera. El gato grande y malvado lanzó un… ¡ZAS!, pero no consiguió dar a Supermurci.
Murci se abalanzó otra vez y movió las alas muy, muy rápido y así logró espantar al gato.
Ratoncillos: ¡Nos has salvado! ¡Gracias! ¿Quién eres, oh, enmascarado caballero?
Supermurci: ¿Yo? No soy nadie especial. – sonrió con modestia.
Amigos: ¡Claro que lo eres! – gritaron, que habían seguido a Murci para contemplar sus heroicidades.
Y sí que tienes un superpoder: ¡VALENTÍA!
Está claro que eres… ¡SUPERMURCI!
Y seguramente tenían razón, porque mientras Murci volaba con sus amigos hacia la cueva de los murciélagos, donde pasarían el día durmiendo a pierna suelta como corresponde, la verdad es que se sentía pero que muy especial.



