El túnel de la pelota: mete arriba, sale abajo (1-2 años)
Un tubo de cartón pegado en vertical, una pelota que entra por arriba y aparece por abajo. El juego que enseña al bebé que las cosas siguen existiendo aunque no las vea. Sin pantallas, contigo cerca.
Hay un momento, hacia el año, en que tu bebé empieza a buscar lo que se le cae. Antes, si una pelota rodaba fuera de su vista, dejaba de existir para él. Ahora se asoma, la busca, se estira. Acaba de asomarse a uno de los grandes descubrimientos de esta etapa: que las cosas siguen ahí aunque no las vea. Piaget lo llamó permanencia del objeto, y no llega de golpe, se construye a base de repetir la misma escena una y otra vez.
El túnel de la pelota pone esa escena en bandeja. Un tubo de cartón pegado en vertical, una pelota que entra por arriba, un segundo de nada, y la pelota que aparece por abajo. Para un bebé de doce meses es casi magia. Para uno de casi dos, es un problema que resolver: adivinar por dónde va a salir. Trabaja la permanencia del objeto por una vía distinta al cucú-tras, porque aquí el objeto no se esconde detrás de una tela, viaja por un recorrido y el bebé aprende a anticipar su trayectoria. Y cuesta cero euros: el tubo del papel de cocina y una pelota que ya tienes por casa.
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Montar el túnel — el tubo en vertical
En primer lugar, pega el tubo en vertical a la pata de una mesa o al lateral de una estantería, a la altura del pecho del bebé sentado. Debajo, justo bajo la boca de salida, coloca la cesta. Elige una pelota que entre con holgura pero que no quepa entera en la boca del peque, porque a esta edad todo va a la boca y tú te quedas al lado todo el rato, supervisando. El montaje se hace en dos minutos.
Enseñar una vez y soltar
A continuación, mete tú una pelota por la boca de arriba y deja que caiga, sin más explicación. Después ofrécele la siguiente al bebé y espera. Meter la pelota por el hueco pide apuntar con la mano y soltar en el momento justo, un gesto más difícil de lo que parece a esta edad. No le guíes la mano. Observa cómo calcula la puntería él solo, igual que cuando practica pasar objetos de una mano a otra.
La espera y el asombro
Entonces llega el momento clave. La pelota desaparece dentro del tubo y, durante un instante, no está en ningún sitio. El bebé se queda quieto, mirando. Y de pronto aparece por abajo, en la cesta. Esa cara de asombro es la permanencia del objeto en acción: estaba escondida, seguía existiendo, ha vuelto. Ponle palabras a lo que pasa —«¿dónde está?… ¡aquí!»— que el lenguaje acompaña al descubrimiento.
Repetir y anticipar
Por último, a la quinta o sexta vez notarás algo: el bebé ya no mira arriba esperando, va directo a la cesta de abajo con la mano antes de que la pelota salga. Ha dejado de reaccionar a la sorpresa y ha empezado a anticipar la trayectoria. Ese pequeño salto —de mirar dónde estaba a predecir dónde estará— es puro pensamiento. Déjale repetir todas las veces que quiera, que la repetición es la que fija el aprendizaje.
El tubo del papel de cocina es perfecto, pero si quieres que dure, usa el tubo de cartón rígido del interior de un rollo de tela o de papel de regalo (más grueso, aguanta meses). La clave de seguridad es el tamaño de la pelota: nada que quepa entero en la boca, y tú siempre al lado. Un pompón grande de lana funciona genial y es silencioso; una pelota pequeña de tela hace un ruidito al caer en la cesta que les encanta. Cuando domine el tubo vertical, inclínalo un poco para que la pelota tarde más en salir.
Que aparezca sin más
Al principio metes tú la pelota y el bebé solo observa la salida. Además, usa un tubo corto y ancho para que el recorrido sea rápido: lo importante es que asocie que lo que entra, vuelve a salir.
Meter y anticipar
Ya mete la pelota él solo y empieza a esperar en la salida. Por eso, alarga el tubo o inclínalo: cuanto más tarda en salir, más trabaja la anticipación y la paciencia.
Clasificar por color
Suma dos tubos y dos cestas de colores. El peque mete cada pelota en el tubo de su color, como en el juego de emparejar objetos. Correspondencia y trayectoria a la vez.
Circuitos y rampas
Así, varios tubos unidos en zigzag por la pared forman un circuito. Anticipar por dónde saldrá la pelota entre curvas y desniveles es un reto de razonamiento espacial que engancha muchísimo.
¿Se asoma a la salida de abajo cuando la pelota desaparece? Permanencia del objeto en construcción.
¿Va con la mano a la cesta antes de que salga la pelota? Anticipación de trayectoria — pensamiento predictivo.
¿Suelta la pelota justo sobre el hueco o la deja caer fuera? Coordinación ojo-mano y control del soltar.
¿Repite el gesto una y otra vez sin cansarse? Atención sostenida y consolidación del esquema.
¿Se gira a mirarte buscando compartir el hallazgo? Referencia social y atención compartida.
¿Acompaña con sonidos o alguna palabra («ahí», «ta»)? Vocabulario espacial emergente.
🎨 El tubo transparente
De hecho, si consigues un tubo de plástico transparente, el bebé ve la pelota viajar por dentro. Es el puente perfecto entre el cucú-tras y el túnel opaco: aquí el objeto nunca desaparece del todo y la trayectoria se hace visible.
💧 El túnel de agua
También puedes usar el tubo en la bañera o en la terraza: verter agua por arriba y ver cómo sale por abajo a un cubo. La misma idea de recorrido, con el agua como premio, en la línea de los trasvases con esponja.
🚗 Cosas que ruedan
Por último, cambia la pelota por un coche pequeño, un carrete o una nuez grande. Comprobar qué objetos bajan solos por el tubo y cuáles se atascan añade una capa temprana de causa-efecto y de exploración de tamaños.
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